La isla de Sajalin
La isla de Sajalin En el atuendo y la vivienda se aprecia una fuerte influencia del sur, no del sur de Sajalín, sino del verdadero sur. En verano llevan camisas tejidas de hierbas o fibra de madera; antes, cuando no eran tan pobres, llevaban batas de seda. No se cubren la cabeza. En verano y en otoño, hasta las primeras nieves, van descalzos. Sus yurtas están llenas de humo y son nauseabundas, pero, en cualquier caso, más luminosas, limpias y, por decirlo así, más convenientes que las de los guiliakos. Cerca de las yurtas suele haber secaderos de pescado, que expanden por los alrededor un olor apestoso y sofocante. Los perros aúllan y se pelean; a veces puede verse una pequeña jaula de troncos con un osezno en su interior, al que dan muerte en invierno, para comer su carne en la llamada «Fiesta del oso». Una mañana vi cómo una muchacha aina alimentaba a uno, pasándole, en una pequeña pala, pescado seco mojado en agua.