La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Una magnífica carretera une el embarcadero con el puesto de Aleksándrovsk, separados por dos verstas. En comparación con las carreteras de Siberia, esta calzada, limpia, lisa, con canales y faroles, tiene un aspecto verdaderamente lujoso. A su lado discurre la vía férrea. Pero a lo largo del camino la naturaleza sorprende por su pobreza. Arriba, en las montañas y colinas que rodean el valle de Aleksándrovsk, por el que fluye el Duika, hay tocones quemados o sobresalen, como agujas de puercoespín, los troncos de los alerces, secos por el viento y los incendios; abajo, en el valle, los montículos alternan con la maleza, vestigios de un antiguo pantano hasta hace poco impracticable. Los cortes frescos en la tierra revelan toda la esterilidad del suelo pantanoso y miserable, con una capa de tierra negra de apenas medio vershok. Ni pinos ni robles ni arces; solo alerces enjutos, miserables, carcomidos, que, lejos de embellecer los bosques y los parques, como en Rusia, constituyen un indicio de un terreno pobre y pantanoso y de la severidad del clima.