La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Solo de un veinticinco a cuarenta por ciento[150] de las personas que se alimentan a costa del Estado comen en la cárcel, los demás reciben vÃveres. Esa mayorÃa se divide en dos categorÃas: los que comen su ración en casa, con su familia o su copropietario, y los que, enviados a trabajar lejos de la cárcel, comen en su lugar de trabajo. Cada preso de la segunda categorÃa, al terminar su jornada laboral, debe prepararse la comida en una escudilla de hojalata, a menos que la lluvia se lo impida o se caiga de sueño. Está cansado, hambriento y a menudo, para no perder mucho tiempo, se come la carne o el pescado crudos. Al vigilante no le preocupa si alguien se queda dormido durante la distribución de la sopa, si vende su ración o la pierde jugando a las cartas, si sus vÃveres se han estropeado o la lluvia ha empapado su pan. A veces algunos comen tres o cuatro raciones en un solo dÃa; luego solo comen pan o ayunan. Según el director del departamento médico, cuando trabajan en la orilla del mar y de los rÃos, los presos no desdeñan los peces o moluscos arrojados por las olas, mientras la taiga proporciona diferentes tipos de raÃces, a veces venenosas. Según el testimonio del ingeniero Keppen, los que trabajan en las minas comen velas de sebo[151].