La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Dada la diversidad de sus tareas, los soldados no tenían tiempo de completar su instrucción militar y olvidaban lo que habían aprendido; los oficiales también se abandonaban, de modo que las unidades militares se encontraban en un estado verdaderamente lamentable. Cada revista daba lugar a incidentes y los superiores apenas ocultaban su descontento[168]. El trabajo era duro. En cuanto relevaban a un centinela, se le asignaba a un convoy, del que pasaba de nuevo hacer la guardia o a segar heno o a descargar mercancías del Estado. No se descansaba ni de día ni de noche. Vivían con apreturas, en alojamientos fríos y sucios que se distinguían poco de las cárceles. Hasta 1875 en el puesto de Kórsakov los centinelas se alojaban en la cárcel; allí también se encontraba el puesto de guardia, en una especie de oscuro cuchitril. «Tal vez esas estreches sean admisibles como medida punitiva en el caso de los reclusos —escribe el doctor Sintovski—, pero un soldado de guardia no se encuentra en esa situación y no debe sufrir castigo semejante»[169].
Comían tal mal como los presos e iban vestidos con harapos, ya que no había ropa que soportara los rigores de su trabajo. Los soldados que perseguían a los fugitivos en la taiga desgastaban hasta tal punto su ropa y su calzado que, en una ocasión, en Sajalín Meridional, ellos mismos fueron tomados por fugitivos y recibieron los disparos de sus compañeros.