La isla de Sajalin

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El puñado de militares que ocupaba la isla estaba disperso por las costas occidental, meridional y sudoriental; los puntos en los que vivían se llamaban «puestos». En la actualidad, han sido abandonados y olvidados; en aquel entonces desempeñaban el mismo papel que los presentes asentamientos y se les consideraba el embrión de la futura colonia. En el puesto de Muraviosk estaba acantonada una compañía de fusileros; en el de Kórsakov, tres compañías del cuarto batallón de Siberia y una sección de artillería de montaña. Los demás puestos, como por ejemplo Manui o Sortunai, solo contaban con seis soldados, seis hombres que, separados de su compañía por una distancia de varios centenares de verstas, bajo el mando de un suboficial, o incluso de un civil, vivían como verdaderos robinsones. Su vida era primitiva, extremadamente monótona y aburrida. En verano, si el puesto se encontraba en la costa, llegaba una embarcación, descargaba las provisiones y se marchaba; en invierno, para «hacerles guardar el ayuno», venía un sacerdote vestido con zamarra y pantalón de piel, más parecido a un guiliako que a un representante del clero. Solo las desgracias rompían la monotonía: tan pronto un soldado era arrastrado por el mar en una balsa de paja como era desgarrado por un oso o se perdía en una tormenta de nieve o era atacado por fugitivos o contraía el escorbuto… O ese mismo soldado, harto de estar encerrado en un cobertizo sepultado por la nieve o de deambular por la taiga, empezaba a dar muestras de «violencia, impertinencia y ebriedad», robaba o desperdiciaba la munición, o se hacía merecedor de un castigo por haber atentado contra la dignidad de una reclusa[167].


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