La isla de Sajalin
La isla de Sajalin El preso se recrea en secreto, de forma furtiva. Para procurarse un vaso de vodka, que en circunstancias normales solo cuesta cinco kopeks, debe dirigirse en secreto a un contrabandista y entregarle, si no tiene dinero, su pan o parte de su ropa. El único medio de esparcimiento, los juegos de naipes, solo puede practicarse por la noche, a la luz de un cabo de vela o en la taiga. Toda diversión secreta que se repite a menudo acaba convirtiéndose en una pasión; como el espíritu de imitación de los exiliados está hiperdesarrollado, se contagian unos a otros, y, finalmente, lo que empezó siendo una actividad inocua, como beber un vaso de vodka de contrabando o jugar a las cartas, acaba produciendo desórdenes inimaginables. Como ya se ha dicho, los comerciantes aprovechados amasan fortunas entre los exiliados gracias al tráfico clandestino de licores y vodka; en suma, junto a exiliados que poseen entre treinta mil y cincuenta y mil rublos, hay gente que pierde de manera sistemática su comida y su ropa. Los juegos de cartas se han apoderado, como una epidemia, de todas las cárceles, que se han convertido en grandes casas de juego, mientras las colonias y los puestos son sus filiales.