La isla de Sajalin

La isla de Sajalin

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Después de la ejecución, durante mucho tiempo tuve miedo de entrar en una habitación oscura.

El miedo a la muerte y todo lo que rodea la ejecución produce en los condenados un efecto angustioso. En Sajalín todavía no se ha dado el caso de un hombre que haya enfrentado el suplicio con entereza. Cuando Chernosei, un preso que había asesinado a un tendero llamado Nikitin, fue trasladado de Aleksándrovsk a Dué antes de la ejecución, tuvo tales espasmos en la vejiga que debía pararse a cada momento. Uno de los cómplices, Kinzhalov, empezó a desvariar.

Antes de la ejecución, los ponen una mortaja y les administran los últimos sacramentos. Uno de los asesinos de Nikitin, incapaz de soportarlo, perdió el conocimiento. Ya habían puesto el sudario y administrado los sacramentos a Pazujin, el más joven de los asesinos, cuando se anunció que había sido indultado. Le habían conmutado la pena por otro castigo. Pero ¡cuántas angustias tuvo que soportar ese hombre en un breve plazo de tiempo!: una noche entera conversando con los sacerdotes, la solemnidad de la confesión, el medio vaso de vodka al amanecer, la orden de «sacadlos», el sudario, los últimos sacramentos, luego la felicidad del indulto, e, inmediatamente después de la ejecución de sus compañeros, cien latigazos, con un desmayo después del quinto; y para terminar, el encadenamiento a una carretilla.


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