La isla de Sajalin
La isla de Sajalin A. N. Korff escuchaba las peticiones con suma atención y benevolencia; profundamente conmovido por su situación general de pobreza, formulaba promesas y hacía concebir esperanzas en una vida mejor[11]. Cuando en Arkovo el ayudante del inspector de la cárcel le informó de que «en Arkovo todo va bien», el barón mencionó la producción de trigo de primavera y de otoño y dijo: «Todo va bien, excepto que en Arkovo no hay pan». En la prisión de Aleksándrovsk, con ocasión de su llegada, se distribuyó entre los presos carne fresca e incluso carne de reno; el gobernador recorrió todas las celdas, recibió las peticiones y ordenó que quitaran las cadenas a muchos presos.
El 22 de julio, después del Tedeum y de una parada (era día de fiesta), un inspector vino a anunciarme que el gobernador general deseaba verme. Me puse en camino. A. N. Korff me recibió de forma muy amistosa y conversó conmigo casi media hora. A nuestra conversación asistió el general Kononóvich. Entre otras cosas me preguntó si me ocupaba de alguna misión oficial. Le respondí que no.
—¿No desempeña al menos algún cometido para alguna sociedad científica o algún periódico? —preguntó el barón.