La isla de Sajalin
La isla de Sajalin A veces el objetivo de la fuga es un negocio fraudulento. He aquí un ejemplo que combina la avidez por el dinero con la traición más vil. Un viejo vagabundo, que ha encanecido en sus muchos intentos de fuga y aventuras, escoge entre los presos recién llegados al más rico (los nuevos casi siempre tienen dinero) y le incita a que se escapen juntos. No le cuesta mucho convencerle. El nuevo se escapa y el vagabundo lo mata en algún lugar de la taiga y regresa a la cárcel. Otra variedad más difundida de negocio fraudulento se basa en los tres rublos que la administración paga por la captura de un fugitivo. Tras llegar a un acuerdo con un soldado o un guiliako, algunos presos se fugan de la cárcel y en un lugar convenido, en cualquier parte de la taiga o a la orilla del mar, se encuentran con su perseguidor, que los lleva de vuelta a la cárcel como si los hubiese atrapado y se embolsa tres rublos por cabeza. Luego, por supuesto, tiene lugar el reparto. A veces resulta ridículo ver a un guiliako menudo y enclenque, armado de un simple palo, conduciendo de vuelta a seis o siete vagabundos de anchas espaldas y talla imponente. En una ocasión vi cómo el soldado L., que tampoco se distinguía por su fuerte constitución, traía de vuelta de once personas.