La isla de Sajalin
La isla de Sajalin A la hora de evadirse los presos no necesitan recurrir a todos los preparativos y precauciones que describe Korolenko en su hermoso relato Sokolinets. Las fugas están rigurosamente prohibidas y ya no son estimuladas por las autoridades, pero las condiciones de vida, la precariedad de la vigilancia y la naturaleza de los trabajos forzados, junto con el perfil geográfico del lugar, hacen que en la gran mayoría de los casos resulte imposible impedirlas. Si hoy no ha sido posible evadirse de la cárcel atravesando la puerta, abierta de par en par, mañana habrá ocasión de escapar en la taiga, cuando veinte o treinta hombres salgan a trabajar bajo la vigilancia de un solo soldado. Quien no se ha fugado en la taiga, espera un mes o dos hasta que se le asigna como sirviente a un funcionario o como trabajador a un colono. Las precauciones, el engaño a las autoridades, los pasadizos, los túneles, etc., solo son necesarios para los pocos presos que llevan cadenas, están recluidos en celdas o viven en la cárcel de Voievodsk, y también para quienes trabajan en las minas, pues en casi toda la franja de terreno que va de la prisión de Voievodsk a Dué hay centinelas montando guardia. Allí, la primera etapa de la evasión entraña peligros; sin embargo, se presentan oportunidades favorables casi a diario. Los emprendedores y los amantes de la aventura recurren a disfraces y todo tipo de estratagemas, a menudo completamente superfluas, como Mano de Oro que, cada vez que se fugaba, se vestía de soldado.