La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Cuando me presenté en la residencia del gobernador general, provisto de papel, este me expuso su opinión sobre el presidio de Sajalín y sobre la colonia y me propuso que tomara notas de todo lo que decía. Acepté de muy buena gana. Me propuso titular todo lo que había escrito: Descripción de la vida de los desdichados. De nuestra conversación precedente y de lo que anoté bajo su dictado, saqué la conclusión de que era una persona magnánima y noble, pero que no conocía «la vida de los desdichados» tan de cerca como él pensaba. He aquí algunos extractos de las anotaciones: «A nadie se le priva de la esperanza de recobrar íntegramente sus derechos; no existe el castigo de por vida. La deportación ilimitada no supera los veinte años. Los trabajos forzados no son excesivamente duros, pero no proporcionan al trabajador un beneficio personal: en eso reside su dureza, no en el esfuerzo físico. No hay cadenas ni centinelas ni cabezas rapadas».