La isla de Sajalin
La isla de Sajalin Se levanta viento, el Amur se vuelve sombrío y se agita como el mar. La tristeza se apodera de mí. Voy al casino y me demoro en el almuerzo; en la mesa vecina hablan de oro, de astas de reno, de un prestidigitador que acaba de llegar a la ciudad y de un japonés que extrae muelas empleando los dedos en lugar de tenazas. Tras escuchar un buen rato con atención, se da uno cuenta del abismo que separa Rusia de la vida local. Empezando por los lomos de salmón ahumado que acompañan las copas de vodka y acabando por las conversaciones, todo tiene su propia índole y no tiene nada que ver con nuestro país. Mientras navegaba por el Amur, tenía la impresión de encontrarme en alguna parte de la Patagonia o de Texas, pero no en Rusia; por no hablar ya del paisaje, totalmente particular. Percibía a cada instante que la forma de vida de los oriundos del lugar difería completamente de la nuestra, que no podrían comprender a Pushkin ni a Gógol, que en consecuencia se vuelven inútiles; que nuestra historia les aburriría y que a los que llegamos de Rusia nos consideran extranjeros. Noté una indiferencia total por la religión y la política. Los sacerdotes locales comen carne durante la cuaresma; hasta me enteré de que uno de ellos, que va vestido con un caftán blanco de seda, se dedica al pillaje de las minas de oro, compitiendo con sus feligreses. Si queréis aburrir a un nativo y verle bostezar, habladle de política, del gobierno ruso, del arte en Rusia. Las reglas de moralidad tampoco tienen nada que ver con las nuestras. Se adopta con las mujeres una actitud caballeresca que alcanza casi las dimensiones de un culto, pero al mismo tiempo no se considera reprensible ceder por dinero la propia esposa a un amigo. Expondré un ejemplo más ilustrativo: por un lado, no existen prejuicios de clase e incluso a los exiliados se les trata de igual a igual; en cambio, no se ve con malos ojos que se dispare en el bosque a algún vagabundo chino, como si fuese un perro, e incluso organizar en secreto partidas de caza contra los presos que se han fugado.