Tres hermanas
Tres hermanas KULIGUIN. —Ni tú ni yo somos pobres… Yo trabajo… Tengo las clases del colegio y otras más… Soy un hombre honrado, sencillo… «Omnia mea mecum porto», como suele decirse.
MASCHA. —¡No me hace falta nada, pero me indigna la injusticia! (Pausa). ¡Vete, Fedor!
KULIGUIN. —(Besándola). ¡Estás cansada! ¡Descansa por lo menos media horita, que yo te esperaré ahí sentado! ¡Duerme…! (Yendo hacia la puerta). ¡Estoy contento, contento, contento…! (Sale).
IRINA. —¡En efecto, cómo se ha empequeñecido nuestro Andrei…! ¡Cuánto ha envejecido y se ha evaporado junto a esa mujer…! ¡Pensar que hubo un tiempo en el que se preparaba para profesor, y que ayer se jactaba de ser ya miembro directivo de la Diputación! ¡Él, miembro directivo, y Protopopov, presidente…! ¡La ciudad entera hablando y riendo, y él solo sin ver ni oír nada…! ¡Ahora, por ejemplo…! ¡En un momento en el que todos han corrido al fuego…, él ha seguido sentado en su habitación, sin el mínimo interés por ello…! ¡Con tocar el violín tiene bastante! (Nerviosa). ¡Oh, qué horrible, qué horrible, qué horrible…! (Llorando). ¡No puedo! ¡No puedo soportarlo más…! ¡No puedo…! (OLGA entra y comienza a poner orden en torno a su mesita. IRINA, entre fuertes sollozos). ¡Tiradme…! ¡Tiradme a alguna parte…! ¡No puedo más!