Amia
Amia Las evidencias que apuntaban a Siria fueron enterradas. El papel de Monzer Al Kassar, señalado como posible organizador del ataque, nunca fue investigado a fondo. Su presencia en Argentina antes de la explosión fue registrada, pero los vínculos políticos y comerciales entre Siria y sectores del gobierno argentino aseguraron que esta línea no prosperara. En lugar de ello, se fortaleció la idea de un ataque extranjero vinculado al fundamentalismo islámico, mientras que el trasfondo local y las alianzas con Siria se ocultaron bajo una cortina de humo.
El impacto mediático también jugó un rol esencial en la consolidación del relato oficial. Declaraciones de políticos y analistas, como las del ministro Carlos Ruckauf, reforzaron la culpabilidad de Hezbollah e Irán sin aportar pruebas contundentes. La manipulación del caso convirtió el atentado en un instrumento de política exterior, alineando al país con las agendas de Israel y Estados Unidos, pero alejándolo de cualquier intento genuino de justicia para las víctimas.