Amia
Amia A pesar de las pruebas que apuntaban en otra dirección, el discurso oficial y mediático consolidó la narrativa del ataque fundamentalista islámico. Esto no solo desvió la atención del verdadero trasfondo del atentado, sino que además permitió mantener una polÃtica exterior alineada con los intereses de Israel y Estados Unidos, mientras Siria permanecÃa en las sombras, exonerada de cualquier implicación.
El 18 de julio de 1994, a las 9:53 de la mañana, una explosión destruyó la sede de la AMIA en la calle Pasteur 633, causando 85 muertes y dejando cientos de heridos. Este ataque, el segundo en poco más de dos años, marcó un punto de inflexión en la historia argentina por la magnitud de la tragedia y las inconsistencias en su investigación. Desde el primer momento, se construyó un relato oficial que atribuyó la masacre a una camioneta Traffic cargada con explosivos y conducida por un terrorista suicida vinculado a Hezbollah e Irán. Sin embargo, esta versión fue fabricada con pruebas manipuladas y ocultamiento de evidencias que protegieron a actores clave.
