Búffalo Bill
Búffalo Bill Como el río se hacía cada vez más profundo, se nos hacía difícil transportar nuestras armas por el vado, por lo que las colocamos en la balsa con el herido, ganando de este modo velocidad en la fuga.
A todo esto, los indios no cejaban en su persecución y nos seguían, cada vez más cerca, esperando la oportunidad de tenernos al alcance de sus flechas. Pero nosotros no nos dábamos por vencidos, y, agazapados, proseguíamos la marcha por la orilla, cuando no nos veíamos en la necesidad de hacerlo a nado. Aunque venciendo grandes dificultades íbamos progresando manifiestamente.
La noche, que se nos echaba encima a pasos agigantados, complicaba un poco las cosas.
Siendo yo el más joven de la partida, era natural que fuera el primero en sentirme cansado, quedando rezagado, sin darme cuenta, a unos metros de los demás.