Búffalo Bill
Búffalo Bill Los hombres del convoy, al oír los disparos, corrieron en nuestra ayuda, pero cuando llegaron a nuestro improvisado bastión, de los pieles rojas no se veía ni el polvo.
Nuestros compañeros, ansiosos, nos pidieron detalles sobre la lucha, se deshicieron en alabanzas sobre la idea de la construcción del fortín y comentaron nuestra buena suerte por haber salido ilesos de semejante aprieto. La aventura que acabábamos de correr fue el tema obligado durante todo el resto del viaje.
Al llegar las carretas tuvimos agua para curar debidamente la herida de Wood, que se había inflamado y le producía agudos dolores, a causa de lo cual debió seguir el viaje en una carreta.
Simpson y yo tomamos nuevas cabalgaduras, y después de echar una última mirada, digamos agradecida, a las pobres mulas que tan gran servicio nos habían prestado, y de tomar algunos adornos y otras cosas pertenecientes a los indios abatidos en la lucha, dejamos que sus huesos se blanquearan al sol sobre la verde pradera, y proseguimos nuestra interrumpida marcha.
Los dos convoyes continuaron su monótono camino sin más interrupciones que las voluntarias para cazar algún búfalo de los que de cuando en cuando aparecían a beber en las aguas del South Platte y en las cercanías de Plum Creek.