Búffalo Bill
Búffalo Bill El general Carr ordenó que los scouts del teniente Pepoon y la compañía «M» se adelantaran. Esta compañía estaba al mando del teniente Schinovsky, francés de nacimiento y valiente como el que más. Habiéndose adelantado como se lo ordenaran, cuando estuvieron más o menos a una milla de los indios, éstos cargaron con la velocidad del rayo, trabándose en lucha liviana de movimientos, hasta que llegó el grueso de las tropas en auxilio. Los indios aumentaban su número constantemente; pude calcular que habría en el campo unos ochocientos o mil. Hubo muertos y heridos por ambas partes. Los indios peleaban con denuedo y tenacidad, dando tiempo a que sus mujeres, viejos y chicos se situaran lejos del campo de batalla. Sin duda los había sorprendido el crecido número de combatientes blancos que no esperaron encontrar en la región. La lucha se prolongó hasta el anochecer, con continuo retroceso de nuestros enemigos. Durante la noche nos hostilizaron haciéndonos disparos desde las alturas y en más de una ocasión tuvimos que salir a cuerpo descubierto a dispersarlos. Al regreso de una de estas partidas, el mayor Brown, el capitán Sweetmann, el teniente Bache y yo, nos hallábamos comiendo juntos, como solíamos hacerlo a menudo, cuando sonó un tiro cercano que hizo impacto en el plato que el teniente Bache tenía levantado en ese momento, haciéndole una perforación que pudo haber tenido destino en el pecho o en la cabeza del teniente. Seguramente, un indio había hecho puntería desde una posición insospechada para nuestros centinelas y había huido en seguida de hacer el disparo. La comida terminó sin otro incidente.