Búffalo Bill

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Al amanecer del día siguiente, siguiendo sus huellas llegamos muy pronto al lugar en que los indios tenían su campamento y desde donde habían salido sus hombres de guerra para atacarnos. Desde una altura que dominaba todo el valle del Beaver Creek pudimos ver que el poblado era de los mayores que yo había visto en todas mis andanzas entre los piel-roja. Consistiría fácilmente en unas quinientas chozas y carpas. Descendimos al valle y corrimos rápidamente por el camino que bordea por detrás, es decir, por el oeste, la pradera conocida con el nombre de «Dog Creek». Subimos entonces a otra elevación y a eso de las dos de la tarde alcanzamos a ver que el campamento se ponía en movimiento para abandonar el lugar. Los seguimos, y al verlo ellos, simularon una carga, pero no se acercaron a nuestras líneas de avanzada. Prendieron fuego a la pradera poniendo ese obstáculo entre ellos y nosotros con el objeto de impedir o, por lo menos retrasar, nuestro avance. Lo consiguieron a medias, pues algunas veces nos pusimos casi a tiro de rifle. Mejores conocedores del terreno que el más diestro de nosotros, de repente se nos escapaban de la vista y reaparecían por sorpresa sobre una de las alas de nuestra formación. Además, con el propósito de desorientarnos, desparramaban toda clase de utensilios domésticos en direcciones divergentes de aquella que en realidad seguían. Lo hacían con tanta habilidad que se nos hizo imposible mantenernos sobre su ruta. Al caer la noche decidimos acampar, pues de sobra sabíamos que sería completamente inútil seguirlos en la oscuridad. A la mañana siguiente persistimos en la persecución y, repitiendo la artimaña que tan buenos resultados les había dado el día anterior, trataron de desviarnos de su ruta haciendo un inteligente uso de ella; pero esta vez consiguieron escabullirse por completo, si bien es cierto que no nos desviaron de la ruta principal, llegando hasta el río Republican, donde cortamos camino dirigiéndonos hacia el norte del Platte. Nos dimos cuenta de que habíamos sido burlados, porque ellos habían viajado día y noche poniéndose así a varias leguas de distancia de nuestras líneas más avanzadas. Viéndonos rendidos y ante la casi imposibilidad de darles alcance, el general resolvió desistir de la empresa.


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