El regreso de Sherlock Holmes. Parte 2
El regreso de Sherlock Holmes. Parte 2 —Ya supuse que le gustarÃa el asunto. Pero aún no hemos terminado. El doctor Barnicot tenÃa que estar en su quirófano a las doce, y puede usted imaginarse su asombro al descubrir que alguien habÃa abierto una ventana durante la noche y encontrar los pedazos de su segundo busto esparcidos por toda la habitación. Lo habÃan reducido a átomos allà mismo. En ninguno de los dos casos encontramos huellas que pudieran darnos alguna pista sobre el delincuente, o lunático, autor del desaguisado. Y estos son los hechos, señor Holmes.
—Son curiosos, por no decir grotescos —dijo Holmes—. ¿Puedo preguntarle si los dos bustos destrozados en las dependencias del doctor Barnicot eran idénticos al destruido en la tienda de Morse Hudson?
—Todos salieron del mismo molde.
—Este dato contradice la teorÃa de que la persona que los rompe actúa impulsada por un odio genérico a Napoleón. Si consideramos los cientos de figuras del Emperador que deben existir en Londres, es mucho suponer que un iconoclasta imparcial se tope, por pura casualidad, con tres ejemplares del mismo busto nada más empezar.
