El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville —No tiene nada de extraño que mi tÃo tuviera la impresión de que algo malo iba a sucederle en un sitio como éste —dijo—. No se necesita más para asustar a cualquiera. Haré que instalen una hilera de lámparas eléctricas antes de seis meses, y no reconocerán ustedes el sitio cuando dispongamos en la puerta misma de la mansión de una potencia de mil bujÃas de Swan y Edison.
La avenida desembocaba en una gran extensión de césped y tenÃamos ya la casa ante nosotros. A pesar de la poca luz pude ver aún que la parte central era un macizo edificio del que sobresalÃa un pórtico. Toda la fachada principal estaba cubierta de hiedra, con algunos agujeros recortados aquà y allá para que una ventana o un escudo de armas asomara a través del oscuro velo. Desde el bloque central se alzaban las torres gemelas, antiguas, almenadas y horadadas por muchas troneras. A izquierda y derecha de las torres se extendÃan las alas más modernas de granito negro. Una luz mortecina brillaba a través de las ventanas con gruesos parteluces, y de las altas chimeneas que nacÃan del techo de muy pronunciada inclinación brotaba una sola columna de humo negro.

—¡Bienvenido, Sir Henry! ¡Bienvenido a la mansión de los Baskerville!