El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville Un hombre de estatura elevada habÃa salido de la sombra del pórtico para abrir la puerta de la tartana. La figura de una mujer se recortaba contra la luz amarilla del vestÃbulo. También esta última se adelantó para ayudar al hombre con nuestro equipaje.
—Espero que no lo tome a mal, Sir Henry, pero voy a volver directamente a mi casa —dijo el doctor Mortimer—. Mi mujer me aguarda.
—¿No se queda usted a cenar con nosotros?
—No; debo marcharme. Probablemente tendré trabajo esperándome. Me quedarÃa para enseñarle la casa, pero Barrymore será mejor guÃa que yo. Hasta la vista y no dude en mandar a buscarme de dÃa o de noche si puedo serle útil.
El ruido de las ruedas se perdió avenida abajo mientras Sir Henry y yo entrábamos en la casa y la puerta se cerraba con estrépito a nuestras espaldas. Nos encontramos en una espléndida habitación de nobles proporciones y gruesas vigas de madera de roble ennegrecida por el tiempo que formaban los pares del techo.