El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville —¿Y el perro?
—Está acostumbrado a llevarle el bastón a su amo. Como es un objeto pesado, tiene que sujetarlo con fuerza por el centro, y las señales de sus dientes son perfectamente visibles. La mandÃbula del animal, como pone de manifiesto la distancia entre las marcas, es, en mi opinión, demasiado ancha para un terrier y no lo bastante para un mastÃn. PodrÃa ser…, sÃ, claro que sÃ: se trata de un spaniel de pelo rizado.
Holmes se habÃa puesto en pie y paseaba por la habitación mientras hablaba. Finalmente se detuvo junto al hueco de la ventana. HabÃa un tono tal de convicción en su voz que levanté la vista sorprendido.
—¿Cómo puede estar tan seguro de eso?
—Por la sencilla razón de que estoy viendo al perro delante de nuestra casa, y acabamos de oÃr cómo su dueño ha llamado a la puerta. No se mueva, se lo ruego. Se trata de uno de sus hermanos de profesión, y la presencia de usted puede serme de ayuda. Éste es el momento dramático del destino, Watson: se oyen en la escalera los pasos de alguien que se dispone a entrar en nuestra vida y no sabemos si será para bien o para mal. ¿Qué es lo que el doctor James Mortimer, el cientÃfico, desea de Sherlock Holmes, el detective?
¡Adelante!