El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville »—Es bastante sordo y de todos modos hemos de correr el riesgo. Aguardaremos en mi habitación a que pase —Sir Henry se frotó las manos encantado, y era evidente que acogÃa aquella aventura como un agradable descanso de la vida excesivamente tranquila que llevaba en el páramo.
»El baronet ha estado en contacto con el arquitecto que preparó los planos para Sir Charles y también con el contratista londinense que se encargó de las obras, de manera que quizá muy pronto empiecen a producirse aquà grandes cambios. También han venido de Plymouth decoradores y ebanistas: sin duda nuestro amigo tiene grandes ideas y no quiere escatimar esfuerzos ni gastos para restaurar el antiguo esplendor de su familia. Con la casa arreglada y amueblada de nuevo, sólo necesitará una esposa para que todo esté en orden. Le diré, entre nosotros, que hay signos muy evidentes de que eso no tardará en producirse si la dama consiente, porque raras veces he visto a un hombre más prendado de una mujer de lo que lo está Sir Henry de nuestra hermosa vecina, la señorita Stapleton. Sin embargo, el progreso del amor verdadero no siempre se produce con toda la suavidad que cabrÃa esperar dadas las circunstancias. Hoy, por ejemplo, la buena marcha del idilio se ha visto perturbada por un obstáculo inesperado que ha causado considerable perplejidad y enojo a nuestro amigo.
