El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville »HabÃamos preparado un plan de campaña, pero para el baronet las formas de actuar más directas son siempre las más naturales, de manera que entró sin más preámbulos en la habitación. Barrymore, jadeante, se irguió de un salto de su sitio junto a la ventana y se inmovilizó, lÃvido y tembloroso, ante nosotros. Sus ojos oscuros, que resaltaban mucho sobre la máscara blanca que era su rostro, nos miraron, a uno tras otro, llenos de horror y de asombro.
»—¿Qué está usted haciendo aquÃ, Barrymore?
»—Nada, señor —su agitación era tan intensa que apenas podÃa hablar y la vela que empuñaba le temblaba tanto que las sombras saltaban arriba y abajo—. Es por el viento, señor. Por la noche hago la ronda para ver si las ventanas están bien cerradas.
»—¿En el piso alto?
»—SÃ, señor, todas las ventanas.

»—Mire, Barrymore —dijo Sir Henry con gran firmeza—: estamos decididos a que nos diga usted la verdad, de manera que se ahorrará molestias sincerándose cuanto antes. ¡Vamos! ¡Basta de mentiras! ¿Qué hacÃa usted junto a esa ventana?
»El mayordomo nos miró con aire desvalido y se retorció las manos como alguien que se halla al lÃmite de la duda y del sufrimiento.