El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville »—No hacÃa nada malo, señor. Sólo estaba delante de la ventana con una vela encendida.
»—Y, ¿por qué estaba usted con una vela encendida delante de la ventana?
»—No me lo pregunte, Sir Henry, ¡no me lo pregunte! Le doy mi palabra de que el secreto no me pertenece y no me es posible decÃrselo. Si sólo dependiera de mà no tratarÃa de ocultárselo.
»De repente se me ocurrió una idea y recogà la vela del alféizar donde la habÃa dejado el mayordomo.
»—Debe de servirle como señal —dije—. Veamos si hay respuesta.
»Sostuve la vela como lo habÃa hecho él, al mismo tiempo que escudriñaba la oscuridad exterior. Como las nubes ocultaban la luna, sólo distinguÃa vagamente la hilera de árboles y la tonalidad más clara del páramo. Pero enseguida se me escapó un grito de júbilo, porque un puntito de luz amarilla habÃa traspasado de repente el oscuro velo y después siguió brillando de manera uniforme en el centro del rectángulo negro que enmarcaba la ventana.
»—¡Ahà está! —exclamé.
»—No, señor, no; no es nada…, nada en absoluto —intervino el mayordomo—. Le aseguro que…