El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville Durante un minuto permanecĂ allĂ con la hoja en la mano preguntándome cuál podĂa ser el significado de aquel escueto mensaje. El desconocido me seguĂa a mĂ y no a Sir Henry. No me habĂa seguido en persona, pero habĂa puesto a un agente —el muchacho, tal vez— tras mis huellas, y aquĂ©l era su informe. Posiblemente yo no habĂa dado un solo paso desde mi llegada al páramo sin ser observado y sin que despuĂ©s se transmitiera la informaciĂłn. Siempre el sentimiento de una fuerza invisible, de una tupida red tejida a nuestro alrededor con habilidad y delicadeza infinitas, una red que apretaba tan poco que sĂłlo en algĂşn momento supremo la vĂctima advertĂa por fin que estaba enredada en sus mallas.

La existencia de aquel informe indicaba que podĂa haber otros, de manera que los busquĂ© por todo el refugio. No hallĂ©, sin embargo, el menor rastro, ni descubrĂ señal alguna que me indicara la personalidad o las intenciones del hombre que vivĂa en aquel sitio tan singular, excepto que debĂa de tratarse de alguien de costumbres espartanas y muy poco preocupado por las comodidades de la vida. Al recordar las intensas lluvias y contemplar el techo agujereado valorĂ© la decisiĂłn y la resistencia necesarias para perseverar en alojamiento tan inhĂłspito. ÂżSe trataba de nuestro perverso enemigo o me habĂa tropezado, quizá, con nuestro ángel de la guarda? JurĂ© que no abandonarĂa el refugio sin saberlo.