El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville Un montón de latas vacías ponía de manifiesto que el lugar llevaba algún tiempo ocupado y, cuando mis ojos se habituaron a la relativa oscuridad, vi en un rincón un vaso de metal y una botella mediada de alguna bebida alcohólica. En el centro del refugio, una piedra plana hacía las veces de mesa y sobre ella se hallaba un hatillo: el mismo, sin duda, que había visto por el telescopio sobre el hombro del muchacho. En su interior encontré una barra de pan, una lengua en conserva y dos latas de melocotón en almíbar. Al dejar otra vez en su sitio el hatillo después de haberlo examinado, el corazón me dio un vuelco al ver que debajo había una hoja escrita.
Alcé el papel y esto fue lo que leí, toscamente garabateado a lápiz:
«El doctor Watson ha ido a Coombe Tracey».