El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville —Bueno; yo me alegro en el alma de haberlo encontrado, porque a decir verdad la responsabilidad y el misterio estaban llegando a ser demasiado para mÃ. Pero, por el amor del cielo, ¿cómo es que ha venido usted aquà y qué es lo que ha estado haciendo? CreÃa que seguÃa en Baker Street, trabajando en ese caso de chantaje.
—Eso era lo que yo querÃa que pensara.
—¡Entonces me utiliza pero no tiene confianza en mÃ! —exclamé con cierta amargura—. CreÃa haber merecido que me tratara usted mejor, Holmes.
—Mi querido amigo, en ésta, como en otras muchas ocasiones, su ayuda me ha resultado inestimable y le ruego que me perdone si doy la impresión de haberle jugado una mala pasada. A decir verdad, lo he hecho en parte pensando en usted, porque lo que me empujó a venir y a examinar la situación en persona fue darme cuenta con toda claridad del peligro que corrÃa. Si los hubiera acompañado a Sir Henry y a usted, mi punto de vista coincidirÃa por completo con el suyo, y mi presencia habrÃa puesto sobre aviso a nuestros formidables antagonistas. De este otro modo me ha sido posible moverme como no habrÃa podido hacerlo de vivir en la mansión, por lo que sigo siendo un factor desconocido en este asunto, listo para intervenir con eficacia en un momento crÃtico.
—Pero ¿por qué mantenerme a oscuras?
—Que usted estuviera informado no nos habrÃa servido de nada y podrÃa haber descubierto mi presencia.