El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville HabrÃa usted querido contarme algo o, llevado de su amabilidad, habrÃa querido traerme esto o aquello para que estuviera más cómodo y de esa manera habrÃamos corrido riesgos innecesarios. Traje conmigo a Cartwright (sin duda recuerda usted al muchachito de la oficina de recaderos) que ha estado atendiendo a mis escasas necesidades: una barra de pan y un cuello limpio. ¿Para qué más? También me ha prestado un par de ojos suplementarios sobre unas piernas muy activas y ambas cosas me han sido inapreciables.
—¡En ese caso mis informes no le han servido de nada! —Me tembló la voz y recordé las penalidades y el orgullo con que los habÃa redactado.
Holmes se sacó unos papeles del bolsillo.
—Aquà están sus informes, mi querido amigo, que he estudiado muy a fondo, se lo aseguro. He arreglado muy bien las cosas y sólo me llegaban con un dÃa de retraso. Tengo que felicitarle por el celo y la inteligencia de que ha hecho usted gala en un caso extraordinariamente difÃcil.
TodavÃa estaba bastante dolorido por el engaño de que habÃa sido objeto, pero el calor de los elogios de Holmes me ablandó y además comprendà que tenÃa razón y que en realidad era mejor para nuestros fines que no me hubiera informado de su presencia en el páramo.