El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville —Exacto.
En medio de la oscuridad que me habÃa rodeado durante tanto tiempo empezaba a perfilarse el contorno de una monstruosa villanÃa, mitad vista, mitad adivinada.
—Pero ¿está usted seguro de eso, Holmes? ¿Cómo sabe que esa mujer es su esposa?
—Porque el dÃa que usted lo conoció cometió la torpeza de contarle un fragmento auténtico de su autobiografÃa, torpeza que, me atreverÃa a afirmar, ha lamentado muchas veces desde entonces. Es cierto que fue en otro tiempo profesor en el norte de Inglaterra. Ahora bien, no hay nada tan fácil de rastrear como un profesor. Existen agencias académicas que permiten identificar a cualquier persona que haya ejercido la docencia. Una pequeña investigación me permitió descubrir cómo un colegio se habÃa venido abajo en circunstancias atroces, y cómo su propietario (el apellido era entonces diferente) habÃa desaparecido junto con su esposa. La descripción coincidÃa. Cuando supe que el desaparecido se dedicaba a la entomologÃa, no me quedó ninguna duda.
La oscuridad se aclaraba, pero aún quedaban muchas cosas ocultas por las sombras.
—Si esa mujer es de verdad su esposa, ¿qué papel corresponde a la señora Lyons en todo esto? —pregunté.