El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville —Nuestro caso no está terminado. Ese individuo es extraordinariamente cauteloso y astuto. No cuenta lo que sabemos sino lo que podemos probar. Un solo movimiento en falso y quizá se nos escape aún ese bellaco.
—¿Qué podemos hacer?
—Mañana no nos faltarán ocupaciones. Esta noche sólo nos queda rendir un último tributo a nuestro pobre amigo.
Juntos descendimos de nuevo la escarpada pendiente y nos acercamos al cadáver, que se recortaba como una mancha negra sobre las piedras plateadas. La angustia que revelaban aquellos miembros dislocados me provocó un espasmo de dolor y las lágrimas me enturbiaron los ojos.
—¡Hemos de pedir ayuda, Holmes! No es posible llevarlo desde aquà hasta la mansión. ¡Cielo santo! ¿Se ha vuelto loco?
Mi amigo habÃa lanzado una exclamación al tiempo que se inclinaba sobre el cuerpo. Y ahora bailaba y reÃa y me estrechaba la mano. ¿Era aquél el Sherlock Holmes severo y reservado que yo conocÃa? ¡Cuánto fuego escondido!
—¡Una barba! ¡Una barba! ¡El muerto tiene barba!
—¿Barba?