El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville —Exacto. Gracias a ese retrato encontrado por casualidad, disponemos de un eslabón muy importante que todavÃa nos faltaba. Ahora ya es nuestro, Watson, y me atrevo a jurar que antes de mañana por la noche estará revoloteando en nuestra red tan impotente como una de sus mariposas. ¡Un alfiler, un corcho y una tarjeta y lo añadiremos a la colección de Baker Street!
Holmes lanzó una de sus infrecuentes carcajadas mientras se alejaba del retrato. No le he oÃdo reÃr con frecuencia, pero siempre ha sido un mal presagio para alguien.
A la mañana siguiente me levanté muy pronto, pero Holmes se me habÃa adelantado, porque mientras me vestÃa vi que regresaba hacia la casa por la avenida.
—SÃ, hoy vamos a tener una jornada muy completa —comentó, mientras el júbilo que le producÃa entrar en acción le hacÃa frotarse las manos—. Las redes están en su sitio y vamos a iniciar el arrastre. Antes de que acabe el dÃa sabremos si hemos pescado nuestro gran lucio de mandÃbula estrecha o si se nos ha escapado entre las mallas.
—¿Ha estado usted ya en el páramo?