El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville —Tan sólo una pizca, quizá. Pero ¡aguarde un instante! Holmes se subió a una silla y, alzando la luz con la mano izquierda, dobló el brazo derecho para tapar con él el sombrero y los largos rizos.
—¡Dios del cielo! —exclamé, sin poder ocultar mi asombro.
En el lienzo habÃa aparecido el rostro de Stapleton.
—¡Ajá! Ahora lo ve ya. Tengo los ojos entrenados para examinar rostros y no sus adornos. La primera virtud de un investigador criminal es ver a través de un disfraz.

—Es increÃble. PodrÃa ser su retrato.
—SÃ; es un caso interesante de salto atrás en el cuerpo y en el espÃritu. Basta un estudio de los retratos de una familia para convencer a cualquiera de la validez de la doctrina de la reencarnación. Ese individuo es un Baskerville, no cabe la menor duda.
—Y con intenciones muy definidas acerca de la sucesión.