El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville —Porque éste es su puesto y porque me ha dado usted su palabra de que hará lo que le diga y ahora le estoy ordenando que se quede.
—En ese caso, de acuerdo. Me quedaré.
—¡Una cosa más! Quiero que vaya en coche a la casa Merripit. Pero luego devuelva el cabriolé y haga saber a sus anfitriones que se propone regresar andando.
—¿Atravesar el páramo a pie?
—SÃ.
—Pero eso es precisamente lo que con tanta insistencia me ha pedido usted siempre que no haga.
—Esta vez podrá hacerlo sin peligro. Si no tuviera total confianza en su serenidad y en su valor no se lo pedirÃa, pero es esencial que lo haga.
—En ese caso, lo haré.
—Y si la vida tiene para usted algún valor, cruce el páramo siguiendo exclusivamente el sendero recto que lleva desde la casa Merripit a la carretera de Grimpen y que es su camino habitual.
—Haré exactamente lo que usted me dice.
—Muy bien. Me gustarÃa salir cuanto antes después del desayuno, con el fin de llegar a Londres a primera hora de la tarde.