El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville —Imagino que la causa de sus temores vino hacia él atravesando el páramo. Si es ése el caso, y parece lo más probable, sólo un hombre que ha perdido la razón corre alejándose de la casa en lugar de regresar a ella. Si se puede dar crédito al testimonio del gitano, corrió pidiendo auxilio en la dirección de donde era menos probable que pudiera recibir ayuda. Por otra parte, ¿a quién estaba esperando aquella noche, y por qué esperaba en el paseo de los Tejos y no en la casa?
—¿Cree usted que esperaba a alguien?
—Sir Charles era un hombre enfermo y de edad avanzada. Es comprensible que diera un paseo a última hora, pero, dada la humedad del suelo y la inclemencia de la noche, ¿es lógico pensar que se quedara quieto cinco o diez minutos, como el doctor Mortimer, con más sentido práctico del que yo le hubiera atribuido, dedujo gracias a la ceniza del cigarro puro?
—Pero salÃa todas las noches.
—Me parece improbable que se detuviera todas las noches junto al portillo. Sabemos, por el contrario, que tendÃa a evitar el páramo. Aquella noche esperó allÃ. Al dÃa siguiente se disponÃa a salir para Londres. El asunto empieza a tomar forma, Watson. Se hace coherente. Si no le importa, páseme el violÃn y no volveremos a pensar en ello hasta que tengamos ocasión de reunirnos con el doctor Mortimer y con Sir Henry Baskerville mañana por la mañana.