El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville Sherlock Holmes estaba examinando cuidadosamente el medio pliego con las palabras pegadas, colocándoselo a pocos centÃmetros de los ojos.
—¿Y bien?
—Nada —respondió Holmes, dejándolo caer—. Es la mitad de un pliego totalmente en blanco, sin filigrana siquiera. Creo que hemos extraÃdo toda la información posible de esta carta tan curiosa. Ahora, Sir Henry, ¿le ha sucedido alguna otra cosa de interés desde su llegada a Londres?
—No, señor Holmes, me parece que no.
—¿No ha observado que nadie lo siguiera o lo vigilara?
—Tengo la impresión de haberme convertido en personaje de novela barata —dijo nuestro visitante—. ¿Por qué demonios habrÃa de vigilarme o de seguirme nadie?
—Estamos llegando a eso. ¿No tiene usted que informarnos de nada más antes de que hablemos de su viaje?
—Bueno, depende de lo que usted considere digno de mención.
—Creo que todo lo que se salga del curso ordinario de la vida es digno de mención.
Sir Henry sonrió.