El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville —En cualquiera de los dos casos, mi respuesta es la misma. No hay demonio en el infierno ni hombre sobre la faz de la tierra que me pueda impedir volver a la casa de mi familia, y tenga usted la seguridad de que le doy mi respuesta definitiva —frunció el entrecejo mientras hablaba y su rostro enrojeció vivamente. No cabÃa duda de que el carácter fogoso de los Baskerville aún seguÃa vivo en el último retoño de la estirpe—. Por otra parte —continuó—, apenas he tenido tiempo de pensar sobre todo lo que me han contado ustedes. Es mucho pedir que una persona entienda y decida a la vez. Me gustarÃa disponer de una hora de tranquilidad. Vamos a ver, señor Holmes: ahora son las once y media y yo voy a volver directamente a mi hotel. ¿Qué le parece si usted y su amigo, el doctor Watson, se reúnen a las dos con nosotros y almorzamos juntos? Para entonces estaré en condiciones de decirle con más claridad cómo veo las cosas.
—¿Tiene usted algún inconveniente, Watson?
—Ninguno.
—En ese caso cuenten con nosotros. ¿Debo llamar a un coche de alquiler?
—Prefiero andar, porque este asunto me ha puesto un poco nervioso.
—Y yo le acompañaré con mucho gusto —dijo el doctor Mortimer.