El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville El almuerzo fue muy agradable, aunque en su transcurso apenas se dijo nada del asunto que nos había reunido. Tan sólo cuando nos retiramos a una sala de estar privada Holmes preguntó a Baskerville cuáles eran sus intenciones.
—Trasladarme a la mansión de los Baskerville.
—Y, ¿cuándo?
—A finales de semana.
—Creo que, en conjunto —dijo Holmes—, su decisión es acertada. Tengo suficientes pruebas de que está usted siendo seguido en Londres y entre los millones de habitantes de esta gran ciudad es difícil descubrir quiénes son esas personas y cuál pueda ser su propósito. Si su intención es hacer el mal pueden darle un disgusto y no estaríamos en condiciones de impedirlo. ¿Sabía usted, doctor Mortimer, que alguien los seguía esta mañana al salir de mi casa?
El doctor Mortimer tuvo un violento sobresalto.
—¡Seguidos! ¿Por quién?
—Eso es lo que, desgraciadamente, no puedo decirles.
Entre sus vecinos o conocidos de Dartmoor, ¿hay alguien de pelo negro que se deje la barba?
—No…, espere, déjeme pensar…, sí, claro, Barrymore, el mayordomo de Sir Charles, es un hombre muy moreno, con barba.
—¡Ajá! ¿Dónde está Barrymore?