El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville —Si llegara a producirse una crisis, me esforzarÃa por estar presente, pero sin duda entenderá usted perfectamente que, dada la amplitud de mi clientela y las constantes peticiones de ayuda que me llegan de todas partes, me resulte imposible ausentarme de Londres por tiempo indefinido. En el momento actual uno de los apellidos más respetados de Inglaterra está siendo mancillado por un chantajista y únicamente yo puedo impedir un escándalo desastroso. Comprenderá usted lo imposible que me resulta trasladarme a Dartmoor.
—Entonces, ¿a quién recomendarÃa usted?
Holmes me puso la mano en el brazo.
—Si mi amigo está dispuesto a acompañarle, no hay persona que resulte más útil en una situación difÃcil. Nadie lo puede decir con más seguridad que yo.
Aquella propuesta fue una sorpresa total para mÃ, pero, antes de que pudiera responder, Baskerville me tomó la mano y la estrechó cordialmente.
—Vaya, doctor Watson, es usted muy amable —dijo—. Ya ve la clase de persona que soy y sabe de este asunto tanto como yo. Si viene conmigo a la mansión de los Baskerville y me ayuda a salir del apuro no lo olvidaré nunca.
Siempre me ha fascinado la posibilidad de una aventura y me sentÃa además halagado por las palabras de Holmes y por el entusiasmo con que el baronet me habÃa aceptado por compañero.