El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville Se llamó al alemán, quien aseguró no saber nada de aquel asunto, y el mismo resultado negativo dieron otras pesquisas. Se habÃa añadido un elemento más a la serie constante de pequeños misterios, en apariencia sin sentido, que se sucedÃan unos a otros con gran rapidez. Dejando a un lado la macabra historia de la muerte de Sir Charles, contábamos con una cadena de incidentes inexplicables, todos en el espacio de cuarenta y ocho horas, entre los que figuraban la recepción de la carta confeccionada con recortes de periódico, el espÃa de barba negra en el cabriolé, la desaparición de la bota marrón recién comprada, la de la vieja bota negra y ahora la reaparición de la nueva. Holmes guardó silencio en el coche de caballos mientras regresábamos a Baker Street y sus cejas fruncidas y la intensidad de su expresión me hacÃan saber que su mente, como la mÃa, estaba ocupada tratando de encontrar una explicación que permitiera encajar todos aquellos extraños episodios sin conexión aparente. De vuelta a casa permaneció toda la tarde y hasta bien entrada la noche sumergido en el tabaco y en sus pensamientos.
Poco antes de la cena llegaron dos telegramas. El primero decÃa asÃ:
«Acabo de saber que Barrymore está en la mansión. BASKERVILLE».
Y el segundo: