El Sabueso de los Baskerville
El Sabueso de los Baskerville —Bueno, la verdad es que hoy he tenido un buen dÃa, ¡ya lo creo que sÃ! —dijo el cochero con una sonrisa—. ¿Qué quiere usted preguntarme, caballero?

—Antes de nada su nombre y dirección, por si volviera a necesitarle.
—John Clayton, del número 3 de Turpey Street, en el Borough. Encierro el cabriolé en el depósito Shipley, cerca de la estación de Waterloo.
Sherlock Holmes tomó nota.
—Vamos a ver, Clayton, cuénteme todo lo que sepa acerca del cliente que estuvo vigilando esta casa a las diez de la mañana y siguió después a dos caballeros por Regent Street.
El cochero pareció sorprendido y un tanto avergonzado.
—Vaya, no voy a poder decirle gran cosa, porque al parecer ya sabe usted tanto como yo —respondió—. La verdad es que aquel señor me dijo que era detective y que no dijera nada a nadie acerca de él.
—Se trata de un asunto muy grave, buen hombre, y quizá se encontrarÃa usted en una situación muy difÃcil si tratase de ocultarme algo. ¿El cliente le dijo que era detective?
—SÃ, señor, eso fue lo que dijo.
—¿Cuándo se lo dijo?
—Al marcharse.