El signo de los cuatro

El signo de los cuatro

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Capítulo 11 El tesoro de Agra

Nuestro prisionero estaba sentado en el camarote, enfrente de la caja de hierro por cuya posesión tanto se había esforzado y tanto tiempo había aguardado. Era un sujeto curtido por el sol, de mirada temeraria, con rasgos de color caoba surcados por una red de líneas y arrugas, que daban fe de una vida dura al aire libre. Su mandíbula barbuda era particularmente saliente, lo cual indicaba que se trataba de un hombre al que no era fácil desviar de sus propósitos. Debía de tener unos cincuenta años, más o menos, porque entre sus cabellos negros y ensortijados asomaban numerosas mechas grises.

Su rostro no resultaba desagradable cuando estaba en reposo, aunque sus espesas cejas y su agresiva mandíbula le daban, como habíamos tenido ocasión de comprobar, una expresión terrible cuando se enfurecía. En aquel momento estaba sentado, apoyando en el regazo las manos esposadas y con la cabeza caída sobre el pecho, mirando con ojos ansiosos y centelleantes la caja que había sido la causa de todas sus fechorías. Me pareció que había más pena que rabia en su expresión rígida y controlada. Incluso me miró una vez con una especie de brillo divertido en los ojos.

––Bueno, Jonathan Small ––dijo Holmes, encendiendo un cigarro––. Lamento que todo haya acabado así.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker