El signo de los cuatro
El signo de los cuatro ––Gracias ––dijo Holmes––. El sobre también, por favor. Matasellos de Londres, Sudoeste… Fecha, 7 de julio. ¡Hum! Huella de un pulgar de hombre en la esquina… , probablemente, del cartero. Papel de la mejor calidad. Sobre de los de seis peniques el paquete. Curiosos gustos los de este hombre en cuestión de papelerÃa. No hay dirección. «Acuda esta noche, a las siete, a la puerta del teatro Lyceum, tercera columna de la izquierda. Si no se fÃa, traiga un par de amigos. Ha sido usted perjudicada y se le hará justicia. No avise a la policÃa. Si lo hace, todo será en vano. Su amigo desconocido.» Vaya, vaya.
Pues sà que tenemos un pequeño misterio. ¿Qué se propone hacer, señorita Morstan?
––Eso es precisamente lo que he venido a consultarle.
––En tal caso, desde luego que iremos. Usted y yo y… sÃ, claro, el doctor Watson es el hombre indicado. La carta dice que dos amigos. El doctor y yo hemos trabajado juntos otras veces.
––Pero ¿querrá venir? ––preguntó la joven, con un tono de súplica en la voz y la expresión.
––Será un orgullo y un placer poder serle útil ––dije yo, de todo corazón.