El signo de los cuatro
El signo de los cuatro ––Son los dos muy amables ––respondió ella––. He vivido muy aislada y no tengo amigos a los que recurrir. Bastará con que esté aquà a las seis, supongo.
––Pero no más tarde ––dijo Holmes––. Sin embargo, hay otra cuestión. ¿Es ésta la misma letra con la que se escribió la dirección en las cajas de las perlas?
––Las traigo aquà ––respondió ella, sacando media docena de trozos de papel.
––De verdad, es usted una cliente modelo. Tiene buena intuición. Vamos a ver.
Extendió los papeles sobre la mesa y los inspeccionó uno tras otro con rápidos vistazos.
––La letra está falseada, excepto en la carta ––dijo por fin––, pero no caben dudas acerca del autor. FÃjese en cómo se destaca involuntariamente la «y» griega, y en el giro que remata las «eses». Son indudablemente de la misma persona. No me gustarÃa darle falsas esperanzas, señorita Morstan, pero ¿existe alguna semejanza entre esta letra y la de su padre?
––No podrÃan ser más diferentes.
––Esperaba que dijera eso. Muy bien, nos veremos aquà a las seis. Por favor, déjeme los papeles. Puede que tenga que echarles otro vistazo. Son sólo las tres y media. Au revoir, pues.