El signo de los cuatro
El signo de los cuatro ––Últimamente, he extendido mis actividades al Continente ––dijo Holmes al cabo de un rato, mientras llenaba su vieja pipa de raÃz de brezo––. La semana pasada me consultó Francois le Villard, que, como probablemente sabrá, ha saltado recientemente a la primera fila de los investigadores franceses. Posee toda la rápida intuición de los celtas, pero le falta la amplia gama de conocimientos exactos que son imprescindibles para desarrollar los aspectos más elevados de su arte. Se trataba de un caso relacionado con un testamento, y presentaba algunos detalles interesantes. Pude indicarle dos casos similares, uno en Riga en 1857 y otro en Saint Louis en 1871, que le sugirieron la solución correcta. Y esta mañana he recibido carta suya, agradeciéndome mi ayuda.
Mientras hablaba me pasó una hoja arrugada de papel de carta extranjero.
Eché un vistazo por encima y capté una profusión de signos de admiración, con ocasionales magnifiques, coups de maître y tours de force repartidos por aquà y por allá, que daban testimonio de la ferviente admiración del francés.
