El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes —Si me encargo del asunto, tengo que tener claro hasta el último detalle —dijo Holmes—. Tómese tiempo para pensar. El detalle más insignificante puede resultar el más fundamental. Dice usted que este hombre llegó hace diez dÃas y que le pagó por quince dÃas a pensión completa, ¿no es asÃ?
—Me preguntó el precio, señor, y yo le dije que cincuenta chelines por semana, y que tenÃa una habitación pequeña, con saloncito, y todo completamente amueblado, en el piso alto.
—¿Y bien?
—Él me dijo que me pagarÃa cinco libras por semana si yo aceptaba sus condiciones. Soy una mujer pobre, señor Holmes, y mi marido gana poco, y aquel dinero significaba mucho para mÃ. Sacó un billete de diez libras y me lo dio en aquel instante, diciendo: «Si se atiene a mis condiciones, podrá cobrar otro tanto cada dos semanas durante mucho tiempo. Si no, se acabó nuestro trato».
—¿Y cuáles eran esas condiciones?
—Pues verá, señor: en primer lugar, querÃa una llave de la casa. En eso no habÃa ningún problema. Muchos huéspedes la piden. Además, querÃa que se le dejase en paz, y que no se le molestase nunca, bajo ningún pretexto.
—Eso no tiene nada de extraordinario, ¿no cree?