El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes »Al principio, la suerte nos sonrió. Gennaro tuvo ocasión de prestarle un servicio a un caballero italiano, le salvó de unos rufianes en un lugar llamado el Bowery, y así consiguió un amigo influyente. Se llamaba Tito Castalotte, y era socio principal de una gran empresa, Castalotte & Zamba, los mayores importadores de fruta de Nueva York. El signor Zamba está inválido, y nuestro nuevo amigo Castalotte ejercía todo el poder en la empresa, que tiene más de trescientos empleados. Le dio trabajo a mi marido, le hizo jefe de un departamento, y le demostró de mil maneras su afecto. El señor Castalotte era soltero, y creo que consideraba a Gennaro como a un hijo, mientras que mi marido y yo lo queríamos como a un padre. Habíamos alquilado y amueblado una casita en Brooklyn, y parecía que nuestro futuro estaba asegurado, cuando apareció esa nube negra que no tardaría en cubrir todo nuestro cielo.