El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes »Una noche, al regresar del trabajo, Gennaro vino acompañado por un compatriota. Se llamaba Gorgiano, y era también de Posilipo. Era un hombre gigantesco, como habrán podido comprobar ustedes al ver su cadáver. Y no sólo tenía el cuerpo de un gigante, sino que todo en él era gigantesco, grotesco y aterrador. Su voz resonaba como un trueno en nuestra casita, y cuando gesticulaba al hablar parecía que no había espacio en la habitación para sus brazos. Sus pensamientos, sus emociones, sus pasiones, todo en él era exagerado y monstruoso. Hablaba, o más bien rugía, con tal energía que los demás no podían hacer otra cosa más que sentarse y escuchar, abrumados por aquel torrente de palabras. Sus ojos llameaban de tal manera que te sentías a su merced. Era un hombre terrible y portentoso. ¡Gracias a Dios que está muerto!