El ultimo saludo de Sherlock Holmes
El ultimo saludo de Sherlock Holmes »Volvió a nuestra casa una y otra vez. Pero yo me daba cuenta de que Gennaro se sentía tan incómodo como yo en su presencia. Mi pobre marido se quedaba sentado, pálido e indiferente, escuchando los incesantes desvaríos acerca de política y cuestiones sociales que constituían el tema de conversación de nuestro visitante. Gennaro no decía nada, pero yo, que le conozco bien, podía leer en su rostro una clase de emoción que nunca había visto antes en él. Al principio, pensé que era puro desagrado. Pero, poco a poco, me fui dando cuenta de que era más que simple desagrado. Era miedo, un miedo intenso, secreto y paralizante. Aquella noche, la noche en que advertí su terror, le rodeé con mis brazos y le imploré, por el amor que me tenía y por todo lo que él consideraba sagrado, que no me ocultara nada y me explicara por qué aquel gigante le tenía tan abatido.